El infierno de ser colombiano y homosexual

El infierno de ser colombiano y homosexual

Manuel Antonio Velandia, de 50 años, acaba de cumplir dos viviendo en San Sebastián. No lo hace por gusto. Este filósofo, sociólogo, sexólogo y político colombiano lo hace exiliado.

Vive lejos de su país por su condición sexual. El asilo lo pidió por discriminación sexual, por amenazas a su persona y a su familia. Logró escapar a un atentado y pocos días después volaba en un avión hacia Madrid.

Escribe artículos semanales en la revista colombiana de tirada nacional Semana e intenta dejar sus ideas plasmadas, aunque esté el exilio, pero “no es como vivir allí ni molestan lo mismo”. Su vida desde 2006 pasó de ser una ajetreada vida pública a todos los niveles y tener a una familia que le rodeaba a convertirse “en dos maletas” y un país ajeno, hermano, pero ajeno.

La odisea de Manuel viene de siempre, pero se acentuó a finales del siglo pasado. Entonces, “en 1998 apoyaba la preparación de un proyecto para la unión de personas del mismo sexo en Colombia”. Después de un largo recorrido impulsando esta propuesta en distintos foros, Piedad Córdoba, ahora candidata al Premio Nobel de la Paz, le propuso presentarse con ella en el Partido Liberal. Manuel, valiente, aceptó.

Era la primera vez que se exponía a la votación popular. A pesar de que no consiguió el escaño que buscaba, recabó”muchos apoyos de distintos sectores y la población homosexual se vio representada”. Continuó trabajando dentro del partido para que los homosexuales “fueran reconocidos como una minoría política “, una minoría que estaba siendo excluida. Piedad Córdoba, apreciando su buen trabajo, decidió apoyarlo para que se presentase al Consejo de Bogotá.

Al mismo tiempo, y sin dejar de trabajar, Velandia hacía la defensa en el Parlamento colombiano del proyecto para la unión civil de personas del mismo sexo. “En ese momento las amenazas fueron creciendo”. Álvaro Uribe, actual presidente del país, “hizo lobby para que se votara en contra”. Dijo que “la apoyaría siempre que no se aceptara la adopción”. De repente el partido conservador entonó un discurso favorable, exceptuando el término excluido de la adopción. “Sería incongruente que, aunque fuéramos oposición, no aceptáramos lo que proponían, que era un avance”, recuerda Velandia que se dijo.

El momento clave
Pero todo iba a cambiar. En aquellos momentos comenzó la investigación a algunos senadores y su relación con el mundo paramilitar. Álvaro Araujo, uno de los senadores de Alas, partido de Uribe, era el encargado de defender el contraproyecto del Gobierno a la propuesta del Partido Liberal. “Era vox populi que Araujo estaba relacionado con los militares”, como posteriormente se demostró. Velandia se encontraba en Cali, “dando una conferencia sobre los derechos humanos y de los homosexuales”. Entonces, en la ronda de preguntas, alguien cuestionó la defensa de Araujo, cercano a los paramilitares, del proyecto de unión de personas del mismo sexo. Velandia sentenció: “Si una persona que defiende a los asesinos va a defender mis derechos, prefiero que no lo haga y estos se sigan violando cada día”. Las declaraciones de Velandia no tardaron en llegar a Bogotá.

Mientras se dirigía en coche hacia el aeropuerto caleño, Piedad Córdoba le llamó por teléfono. “Me están asediando los periodistas preguntándome por tus declaraciones ¿qué dijiste exactamente?”. Velandia contestó y Córdoba estuvo de acuerdo. No había problemas, a priori.

Al día siguiente comenzó una vez más su infierno. Se tornó gris su vida en Colombia, su país. Tanto él como su familia comenzaron a recibir continuas amenazas y una y otra vez vino a su recuerdo que unos años antes una granada hizo explosión en su casa. “Que amenazaran a mi familia fue lo que me hizo tomar la decisión”. Piedad Córdoba le recomendó que saliera del país, en una de las comunicaciones que recuerda con mayor tristeza.

Después de varios trámites, Velandia consiguió huir. La Universidad del País Vasco le aceptó en un doctorado y dado que la petición de asilo se iba a retrasar en el tiempo, de esta forma, siendo estudiante, iba a lograr poder salir con rapidez. “Ver que tu vida se convierte en dos maletas hace que el daño emocional sea más fuerte”. CEAR y la Cruz Roja le dieron apoyo legal al llegar a España. Velandia reconoce que tanto para su familia como para él, es “un infierno” lo que están viviendo.

Otros casos en España
Sobre el cambio de la situación en Colombia hacia los homosexuales, Velandia no es optimista, al menos, “hasta que los paramilitares salgan del Gobierno”. Dice que hay “una cuestión contradictoria: cuando más violación hay, más desarrollo teórico hay. La violación de los derechos hace que las personas reflexionen al respecto. La sociedad de Colombia está de acuerdo con un cambio, pero los partidos de la derecha lo frenan”.

Velandia no está sólo. Al menos, según conoce él, hay tres casos más en España. El más sonado, el de Jhon Romero, un activista homosexual colombiano que logró escapar a España después de varios atentados. “No sólo llegamos de Colombia, también llegan a España procedentes de otros países de América Latina, del este de Europa y de África”. Velandia dice que España es “un paraíso legal, pero la discriminación es un hecho social”. Después de dos años de trámite para conseguir su asilo por discriminación sexual, éste parece estar más cerca. Aún no lo tiene en la mano. Velandia dice que “estaría encantado de volver a Colombia”, pero a una “Colombia libre”, mientras esto no sea así “no tengo la posibilidad de vivir en mi país”. Así de duro.

Txema Santana es un periodista canario de la generación del 82. Ha vivido en Bilbao, Granada, Las Palmas de Gran Canaria, San Salvador y, ahora, en Guayaquil, Ecuador. Trabaja como freelance para poder seguir viajando, conociendo y escribiendo historias.

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*